Viene hasta los pies de mi cama, está descalza y tiene el camisón de las flores. El pelo: una mano que quema la oscuridad. Dice que no me equivoque, que es ella la panzona y estúpida.
Valentina lo dice sutilmente ofendida, de algún modo sabe que estuve toda la tarde tratando de escribir ese poema donde me angustiaba crecer no por crecer si no por alejarme de la nena panzona y estúpida que fui.
También sabe que si yo soy, ella no, y si ella, yo no.
Me mira desde la oscuridad, flotando su pelo, el borde del camisón.
Pero no, Valentina -intento apaciguarla- no soy yo la que te va a robar. El tiempo es una bestia que sólo sabe ir para adelante, y así, en breve, nuestras infancias -las dos- van a ser imágenes perdidas que nos visiten de vez en cuando.
jueves, 17 de mayo de 2007
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